¿Por qué apoyamos la #HuelgaFeminista? #8M #8deMarzo

Para este viernes 8 de marzo se convocó la Huelga General Feminista, donde se invitó a adherir con la paralización completa o parcial de las actividades a fin de visibilizar las demandas del movimiento.

Según el último Estudio Nacional de Discapacidad del 2015, en nuestro país se estima que hay aproximadamente un 20% de personas en esta situación: un 14,8% de los hombres chilenos y más de un 20% de mujeres.

A su vez, la situación de discapacidad está estrechamente relacionada con el envejecimiento de las personas y sus ingresos: casi el 50% de la población adulta en situación de discapacidad se concentra en los dos quintiles de ingreso más vulnerables (I y II); y tan sólo un 42,8% del colectivo participa del mercado laboral.

Las mujeres con discapacidad deben muchas veces hacerse cargo del cuidado de padres y madres ancianos, sobrinos y familiares. Son esterilizadas, contra su voluntad, vulnerándose sus derechos y propiciando en algunos casos abusos sexuales.

También son mujeres las que en un 73,9% hacen de cuidadoras de personas en situación de discapacidad, sin recibir la mayoría de las veces una remuneración a cambio. Hoy en día, un 40,4% de las personas adultas en situación de discapacidad se encuentran en situación de dependencia, y un  41,2% cuenta con la asistencia de otras personas para la realización de actividades básicas e instrumentales de la vida diaria.

Por otra parte, faltarían cifras y políticas públicas orientadas a subjetividades fuera de la heteronormatividad, cuyas demandas también se insertan dentro del movimiento. 

Las discriminaciones hacia mujeres con discapacidad no conformarían situaciones de exclusión aisladas. El género constituiría un dispositivo de poder que permite visibilizar las desigualdades que existen en las sociedades que tienen como base la diferencia sexual (Scott, 2008*). Por lo tanto, la exclusión por discapacidad se cruzaría con la exclusión por género.

La realidad de personas con discapacidad y su entorno refleja los patrones que como sociedad no hemos sido capaces de transformar: la falta de reconocimiento y desigualdad en acceso a recursos, a participación sociopolítica y a la toma de decisiones sobre el propio cuerpo y los proyectos de vida.

*Scott, J. W. (2008). Género e historia. México: Editorial Fondo de Cultura Económica.

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